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Pero... ¡me merezco 10!


By brunobca - Posted on 17 Mayo 2008

Pero... ¡me merezco un 10!
El problema de califiicar.

Si tuviera un peso por cada ocasión en la cual he escuchado a alumnos de nivel superior demandar una mejor calificación so pretexto de: a) ”no dormí toda la noche para terminar...”, b) ”le echamos muchas ganas”, c) “participo mucho en clase” d) “necesito una mejor calificación por que estoy amonestado” o (mi favorita) e) “¿a poco no soy alumno de diez?”, hace mucho que habría dejado de pelear por un salario justo y correspondiente a la labor de ser docente de tercer nivel.

En universidades privadas -tanto en el Distrito Federal como en el interior de la República mexicana- está ganando espacios un círculo vicioso en el cual el alumno está acostumbrado a “mejorar” su calificación el día que este la recibe. Situación reconocible en voces de diversos colegas docentes y vicio alarmante del sistema educativo mexicano o quizá mundial. La situación se repite en las universidades privadas sin importar su prestigio, reputación o metodología educativa.

Cuando fui alumno sabía que el día que recibía mis calificaciones finales era el momento mágico para librar todas las faltas de asistencia a clase provocadas por el exceso de reventón de la noche anterior. También para salvar aquellos trabajos en los que iba a “estudiar” con esa chica de la cual estaba más preocupado de conocer los secretos de su dormitorio que hacer cualquier tarea.

Ocupar el lugar opuesto del escritorio me enfrenta a todo tipo de historias y justificaciones para intentar resarcir el mal desempeño académico. Y en diversos niveles, ya sea licenciatura, maestría o mi posición actual de doctorante.

Personalmente siempre he considerado que todo arriba de 6 es pura presunción. Fui muy “presumido” toda mi vida académica hasta que en la secundaria comprendí que había más que la pura repetición de datos, cifras y eventos. Fui medianamente presumido el resto de mi vida académica. Mi vida ahora se llenaría de las preocupaciones propias de todo adolescente, después de todo joven y finalmente de adulto contemporáneo.

Sin emabrgo la educación tradicional (repetiviva y skinnerescamente conductiva) no satisfacía ni mis aspiraciones de vivir más ni las de ser un presumido estudiante de altas calificaciones. Fue así como aprendí a desaprender (siempre aquella frase sabia del maestro jedi: “You must unlearn everything that you've learned”) la educación tradicional y crear mi propio mecanismo de aprendizaje constructivo e integral.

Leí más. Mucho más. Vi más arte. Mucho más. Parrandeé más, mucho, mucho más. Para la segunda vez que hice el primer año de preparatoria (producto del cambio de sistema educativo no por reprobar, aclaro) fui el maestro del grupo que les enseñó materialismo histórico a través del materialismo dialéctico. Fue una gran oportunidad para apantallar a mi preciosa compañera morena de ojos verdes ya que ninguno de mis compañeros entendía la palabra “dialéctica”. No fue una simple exposición de tema en clase sino que por dos días fui el maestro del salón en el tema. La preparatoria activa en la que había estudiado el primer año contaba con una verdadera eminencia en el tema con varios libros publicados. Con él tuve momentos muy agradables y una serie de conversaciones crítico-constructivas. Hacia el último año era una pesadilla en la clase de filosofía. Más en la licenciatura.

Aquí es donde surge mi paradigma: a pesar de mi incredulidad al respecto de colocar una apreciación cuantitativa a una evaluación de conocimiento cualitativo, el sistema educativo nacional lo exige. En mi trabajo como docente se me requiere dar ese númerito. Siendo completamente francos, también es cierto que hay mejores alumnos que otros.

Como maestros tenemos la responsabilidad (diría obligación) de educar a todo aquel que pasa por nuestra aula (virtual, física o imaginaria) como un ser integral y con mecanismos de pensamiento que le den las herramientas necesarias para su desempeño en el mundo profesional y también en su entorno personal. Lejos de limitarnos a crear los mejores profesionistas del país al reducir nuestra experiencia de enseñanza a una simple capacitación, todos deberíamos hacer seres humanos críticos que desaprendan y cuestionen su entorno. Nunca me cayeron bien las niñas que sacaban 10 porque sus cuadernos tenían márgenes rojos y tintas de tres colores... jamás comprendieron el cómo y por qué de la insurgencia criolla en el movimiento de independencia de la que sería nuestra nación. Me gustaba más mi 8.

Mi solución ha sido simple. Mi ejercicio profesional obliga a la disciplina y normas estrictas. Como maestro soy igual de estricto y mis parámetros para calificar son los mismos que aplico en mi desempeño profesional. No permito ninguna entrega fuera de tiempo y el menor error en los trabajos es ampliamente señalado, criticado y sancionado. Las primeras entregas tengo que subir la moral de mis alumnos al verse todos con 6 y 7, incluso los de mejores promedios. Empero, deberían de ver el rostro de alegría, felicidad y triunfo cuando su trabajo es de 10: saben que no tiene ningún error, detalle o pero posible.

Evito el problema de “ponme 10” al evaluar las entregas parciales, tareas y todo trabajo ligeramente por abajo y elimino las décimas. Al final sumo todas esas décimas en los promedios. Les aplico un examen sorpresa de diez preguntas sobre todo el curso. Deben conocer y saber aplicar las herramientas (objetivos generales) de mi curso en su futuro desempeño profesional. Ahí mismo les doy sus calificaciones finales.

La dinámica de lo que sucede inmediatamente es fascinante: aquellos excelentes alumnos ni pestañean al ver su calificación, ya sabían que iban a sacar y están totalmente de acuerdo. A ellos les sumo previamente las décimas y aumento en concordancia su calificación. Jamás critican, chillan o demandan una mayor calificación, sea la que sea. Los demás comienzan su lucha. A aquellos que demuestran en su examen haber aprehendido nuevos conocimientos y aptitudes, les aumento sus décimas. Cada semestre tengo menos y menos alumnos que demandan una calificación más alta.

Es totalmente cierto que en las universidades privadas las calificaciones son más altas y que los maestros son muy generosos al colocar una evaluación cuantitativa. Tenemos un mar de alumnos de 10 y 9. Debemos encontrar los mecanismos apropiados para poder evaluar numéricamente la generación de conocimiento en los alumnos. Al menos hasta que sea valido en la educación tradicional aprender a desaprender.




brunobca

México
Licenciado en comunicación por la Universidad Iberoamericana (México D.F.) con la tesis "Manual de pre-producción para documentales de principio de siglo". Magister en producción audiovisual por la Universidad Complutense (Madrid, España) Doctorante en Administración de la educación por el Instituto Mexicano de Pedagogía. Realizador y productor ahora convertido en imagenero. Guionista de los documentales “SACBÉ la ruta maya” e “Historias de conservación” ONCETV. Realizador CNI Canal 40 de “Realidades” y “CNI noticias”. Productor de “Confabulario” El Universal TV. Maestro universitario. Produce, dirige independientemente “Voces en extinción” sobre la conservación de lenguas indígenas. Entre 2006-2007 produce, dirige la serie “Jaaj T’aan” (14 capítulos) hablada íntegramente en maya con la colaboración del estado de Quintana Roo, INAH y el Seminario Permanente de Tipología de Lenguas Indígenas Americanas. En 2007 produce, dirige “Hombres de Carbón” sobre la explosión de Pasta de conchos en Coahuila; nominado premio “José Rovirosa al mejor documental” 2007.

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