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Soy una de esas enamoradas absolutas de la docencia. Creo que la educación es el único camino que podemos transitar para cambiar sociedades y hacer seres humanos (verdaderamente humanos) más sensatos, más compasivos y más conscientes de sí mismos y de los otros. En mis clases me esmero por acercarme de forma individual a cada estudiante, teniendo en cuenta su situación particular, sus necesidades, su estado de salud, su propio ritmo....... pero me he encontrado con una fuerte resistencia por parte de los mismos estudiantes (qué no decir de algunos padres de familia y de compañeros de trabajo); de alguna manera me "exigen" que permanezca en el eterno rol que han jugado los profesores de masificar el grupo, de usar las mismas palabras para todos, de no hacer ninguna clase de diferencia entre el chico que durmió perfectamente y el que tuvo que pasar la noche ayudando a cuidar a la abuelita enferma; me conminan a que dé mi clase de español, llame la atención al que habla fuera de lugar y ponga una nota en la planilla, porque pareciera ser que dentro del aula, en ese recinto marcado por cuatro muros y una puerta, se "pone en escena" un eterno teatro y los papeles no son modificables. Otra cosa sucede fuera del aula... cruzamos la puerta y algo mágico parece suceder en ellos; podemos hablar de otros temas, se sienten en libertad de contarme qué les ha sucedido con ese amigo que no quería hablarles; me acompañan hasta la puerta de la sala de profesores y yo tengo la sensación que ese ha sido el único momento del día en que han sido "ellos" verdaderamente; el único momento en que he hablado con personas. Es por eso que ahora aprovecho al máximo el contacto extra-aula y he encontrado que recuerdan los datos que les comparto, empiezan a entender los rudimentos de la gramática que tan poco les interesa en el tablero; averiguan por su cuenta quién es ese autor del que les cité una máxima........ he encontrado que en el patio de descanso y durante una charla de diez minutos, ellos aprenden más y yo puedo ser la docente que quiero ser.
Sé que repensar la escuela en esos términos es una utopía, y aunque según Borges, Utopía significa "no hay tal lugar", es preciso construirlo de alguna forma.

Rocío del Pilar Cruz
Colombia

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