El aprendizaje a distancia exige una familiarización con la tecnología que no muchos poseen. Para ciertas personas esto significa un reto, una valla que vencer. Aquellas personas en edad madura que no han estado expuestas en su vida al medio virtual o al manejo básico de una computadora suelen encontrar esta modalidad de aprendizaje un tanto fría y confusa. Encuentro esta dificultad en alumnos que regresan a la universidad después de 20 años, por ejemplo, específicamente los que superan los 45 años de edad y que provienen de países latinoamericanos, donde su formación primaria y secundaria no gozó de los beneficios de la tecnología. Sería una opción maravillosa para el estudiante adulto hacer uso de la modalidad de aprendizaje a distancia. Manejaría sus tiempos con más comodidad y aprendería a su ritmo. Pero, si no se tienen las bases que creen la confianza necesaria para tomar ventaja de tal modalidad, la opción cae en saco roto. Se desperdicia. Es necesario, pues, infundir la confianza y animar al estudiante adulto con las características antedichas a tomar cursos que le faciliten el manejo de la tecnología, antes de lanzarlo a la experiencia virtual sin los medios necesarios para lograr el rendimiento deseado.