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EDUCAR A TODA LA PERSONA
EDUCACION INTEGRAL NO SOLO A TODAS LAS PERSONAS SINO A TODA LA PERSONA
Desde la visión de educación Integral en nuestra institución se asume que, No basta con brindar educación a todas las personas. Una educación integral de calidad implica educar también a toda la persona. Urge, por consiguiente, el desarrollo de una auténtica educación integral que, como su nombre lo indica, se oriente a formar la integralidad o el todo de la persona. Un recorrido ligero por el ser de la persona nos arrojará luz sobre algunas de las dimensiones que debe asumir esa educación integral si pretende ser realmente formativa.
a) Hay que educar la memoria, para no olvidar la historia de opresión, la increíble crueldad de los seres humanos cuando se deshumanizan, de modo que nunca vuelva a repetirse esa historia ignominiosa.
b) Educar la curiosidad, que crece y se perfecciona con el propio ejercicio, que enseña a preguntar y preguntarse, más que a responder y repetir.
c) Educar la reflexión permanente sobre lo que sucede y sobre lo que uno hace; la capacidad de comprenderse y aceptarse para así comprender y aceptar a los demás y comprender el mundo para poderlo recrear. Educar el pensamiento para hacer surgir personas auténticas, que se atrevan a pensar por cuenta propia, sin ser intolerantes, o que saben ser tolerantes sin convertirse en veletas movidas por cualquier soplo de opinión. Personas capaces de actuar como hombres de pensamiento y de pensar como hombres de acción.
d) Educar la capacidad de crítica y autocrítica, para evaluar continuamente lo que uno hace, aprender de esa evaluación, y tener una posición firme frente a supuestos valores, informaciones, estructuras, modas, propagandas, tratados, leyes, códigos..., y una pasión inquebrantable por la verdad.
e) Educar la capacidad de soñar, de imaginar nuevos mundos, y el coraje y la constancia para entregar la vida a realizarlos. Educar para ser un militante de la esperanza que nada ni nadie consigue doblegar y que apuesta la vida por la libertad y la justicia.
f) Hay que educar el corazón, la capacidad de amar, de darse, sin esperar nada a cambio y sin generar dependencias. Corazón digno, que se indigna ante los atropellos e injusticias.
g) Hay que educar los ojos, para saber observar, contemplar y admirar la belleza del universo. Al perder la capacidad de admiración y asombro, nos volvemos incapaces de valorar las cosas que realmente merecen la pena y nos hundimos cada vez más en la trivialidad, sensiblería y superficialidad.
h) Hay que educar los oídos, para saber escuchar antes de hablar. Hoy día, hablamos y hablamos, pero no nos escuchamos.
i) Hay que educar la lengua, para ser hombres y mujeres de palabra responsable. Educar para que la palabra sea expresión de vida, compromiso. Palabras verdaderas que expresan la coherencia entre lo que uno habla, piensa, cree y vive, hasta las últimas consecuencias y en las menudencias de la vida diaria. Educar la lengua, para hablar con amabilidad, sin ofender; para que el otro se sienta aceptado, valorado y respetado.
j) Hay que educar la nariz, para saber olfatear lo que sucede, lo que se oculta detrás de las apariencias, para no contentarse con la primera explicación. Olfato para analizar la coyuntura y tener una visión propia y objetiva de lo que sucede.
k) Hay que educar las manos para que estén siempre abiertas a la ayuda y el servicio y no se cierren en puño que amenaza y que golpea. Manos hábiles, trabajadoras, que asumen el trabajo como medio fundamental de realización y buscan la excelencia en todo lo que hacen.
l) Hay que educar los pies para afincarse con firmeza sobre la realidad, no sobre la ilusión, y estar dispuestos a salir al encuentro del prójimo.
m) Hay que educar la sexualidad para que sea asumida con madurez y responsabilidad.
n) Hay que educar al estudiante como parte de una determinada familia, una comunidad, un país, un continente, capaz de valorar su cultura, de afincar la identidad en sus propias raíces, de querer y defender a la Patria. Educar para amar lo propio sin absolutizarlo, capaz de respetar y convivir con culturas y personas diferentes. Educar para saber vivir como ciudadanos del mundo sin dejar de ser hijos de la aldea. Educar para que las familias y la comunidad se vayan integrando como partes sustantivas del proyecto educativo. Es muy poco lo que educativamente puede hacer una escuela desligada de las familias y de la comunidad donde se asienta.
La Escuela necesaria en los sectores populares, por exigencia de la justicia educativa y equidad, debe ofrecer una educación de calidad. Los sectores populares no pueden ser doblemente castigados por la situación económica y por una pobre educación que mantenga en la pobreza.

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