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EL DIVORCIO EN COLOMBIA
EL DIVORICO EN COLOMBIA
Introducción
El Gobierno ha dicho que este año se aprobará una ley de divorcio y recientemente la Comisión del Senado de Constitución, Legislación y Justicia ha dado luz verde a la tramitación del proyecto de ley que viene de la Cámara de Diputados y al cual el Gobierno introdujo varias modificaciones el año pasado.
Ahora bien, si se analiza detenidamente el proyecto, se descubre con poca dificultad que se contemplan una serie de causales para invocar el divorcio; unas por “culpa” de una de las partes, y otras, sin embargo, que no sólo no requieren de dicha culpa, sino que pueden incluso ser “creadas” por cualquiera de las partes, con lo cual podría darse el absurdo de estar aprovechándose de su propio dolo.
No otra es la razón por la cual se ha hablado a este respecto de “divorcio repudio”, esto es, de la posibilidad de poner fin al matrimonio no por causales “objetivas” y que impliquen el incumplimiento de alguna de las obligaciones fundamentales del matrimonio, sino por mera voluntad o capricho de alguna de las partes, sin que la otra pueda hacer nada para impedirlo.
Ahora bien: dado lo anterior, habría que preguntarse por qué se ha llegado a una situación como esta. Si se supone que el matrimonio es la base de la familia, ¿qué ha ocurrido en buena parte de la mentalidad que hoy existe, que ha modificado tanto la naturaleza de lo que se considera “matrimonio”? Resulta evidente que existen motivos antropológicos y éticos que marcan este cambio de rumbo tan notorio de actitud, cambio que no puede dejar de afectar al Derecho como institución humana. Este cambio, que ha originado lo que ha venido a llamarse el nuevo “Derecho de Familia”, tiene al menos parte de su origen en la revolución sexual de fines de los años 60.
Respecto a la presente introducción quiero manifestar que estoy completamente de acuerdo con el autor, ya que el matrimonio fue una institución y sacramento creados por Dios, para que un hombre y una mujer que se amen mutuamente, contraigan este sacramento con el fin de que se ayuden, auxilien, procreen hijos, razón por la cual no es factible que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio.
El Nuevo “Derecho de Familia”
El llamado Nuevo Derecho de Familia descansa en una concepción distinta del matrimonio y de la sexualidad. El amor, de acuerdo a este nuevo enfoque, es entendido como el impulso sexual, considerado además incontrolable, que debe expresarse de la manera más espontánea y libre posible y al cual no se puede poner freno. De ahí que se diga que “el amor no tiene leyes”, porque el apetito sexual es tenido por irracional y totalmente impulsivo. De este modo, el matrimonio aparece como una sujeción absurda y fría, una legalidad tosca que pretende reglar una situación que de suyo, no tiene posibilidad de ser normada.
Es esta mentalidad la que ha dado origen al nuevo Derecho de Familia, que viene incubándose desde hace unos 30 años. Dentro de esta nueva concepción, el divorcio no sólo se ve como una posibilidad absolutamente necesaria, sino como un auténtico derecho del individuo, que debe tener la posibilidad de rehacer su vida, casándose cuantas veces sea necesario, en pos de la felicidad; dado que el amor no tiene leyes, la posibilidad de “entrada fácil” y “salida fácil” del matrimonio debe existir siempre y en todo momento.
De hecho, la mayoría de las veces en que el matrimonio se rompe y se invoca el divorcio, su causa real es el cese de la atracción sexual, o como se dice usualmente, cuando “se acaba el amor”. Muchas veces, además, por la aparición de una tercera persona, que pasa a llenar las expectativas que el cónyuge no satisface. Por eso se ve como lo más natural que baste sólo la voluntad de cualquiera de las partes para poner fin a un compromiso que ata a las personas y les impide expresarse sexualmente como lo deseen.
En íntima relación con esto, y a fin de poder dar la mayor libertad posible al impulso sexual, se ha señalado por los promotores del divorcio, que no existe un real concepto de “familia”. Sin embargo, de ser realmente así, cabrían muchas clases de “familia”, algunas que obviamente nadie sería tan temerario de defender: uniones polígamas, promiscuas, homosexuales, con animales, e incluso situaciones unipersonales. ¿Son todas estas situaciones una “familia”? Evidentemente, no. De hecho, si cualquier regulación o límite al concepto de familia se considera discriminatorio, como se dice, no debiera haber ningún impedimento para casarse con la propia madre o con un hermano, por ejemplo.
La verdad es que si todo es familia, a fin de cuentas, nada lo es. Lo que ocurre en realidad es que sí existe, de manera implícita, un concepto de familia. Este concepto de “familia” es el de “pareja estable”, unida por razones afectivas y sexuales; y como tal, esta “familia” subsistirá, y tendrá razón de ser, mientras dure este intercambio afectivo y sexual. Así las cosas, cualquier unión entre personas de igual o distinto sexo, en que existan estos dos componentes, es considerado “familia”.
Otra consecuencia importante de este fenómeno, en que de paso se ha cambiado tanto la semántica, es que los hijos dejan de tener importancia en el concepto de familia, lo cual resulta evidente, porque no todas las uniones posibles están abiertas, sea biológica o anímicamente, a la procreación. De una u otra manera, los hijos dejan de estar presentes en este horizonte. Incluso se llega a verlos como una amenaza al “derecho a la felicidad del individuo”, porque los hijos sí son “para siempre”, se quiera o no. De tal forma, para mantener siempre la puerta abierta para una retirada honrosa, los hijos son muchas veces distanciados o abiertamente evitados. Es precisamente en parte por esta mentalidad que los índices de natalidad han decrecido dramáticamente en los últimos años, según muestra nuestro último censo.
Pero hay más: esta nueva concepción de la sexualidad es la que hace que dentro de la misma familia, terminen imponiéndose las reglas del mercado: debe existir un mejor producto, un mejor precio y una mejor venta. Esto significa que puesto que todo depende de la atracción sexual, los sujetos que se casan con esta mentalidad, deberán estar permanentemente preocupados del grado de satisfacción que otorgan a su pareja, para evitar ser “reemplazados” por otro u otra que sí satisfaga mejor las aspiraciones de quien dice amarlos. De este modo, las relaciones humanas terminan dependiendo más de factores accidentales, por lo que se tiene o se es capaz de dar, que por lo que las personas son.
Algo parecido ocurre con la familia tradicional en su conjunto: cada vez se hace más común la idea de que la familia es una aglutinación de sujetos que busca su propia satisfacción personal, de tipo egocéntrico, a costa de los otros, incluso usándolos como medios para ello. De ahí que en caso de que esta familia no logre satisfacer las expectativas del sujeto, pueda ser desechada y reemplazada por otra que sí lo haga. Por tanto, los esfuerzos por mantener una familia sólo tendrán sentido mientras cumpla las expectativas egocéntricas del individuo, o si se prefiere, sólo mientras el balance entre lo que el sujeto entrega y lo que recibe le siga siendo favorable.
Sin embargo, el amor no es sólo impulso sexual ni se reduce sólo a lo meramente afectivo o emocional: es algo que engloba al sujeto entero, porque amando, uno no entrega algo de sí, sino que en realidad, a sí mismo. Ahora bien, esta deformación del amor, que antes era entendido como el girar en torno al otro, el sacrificio por el otro, y ahora ha pasado a ser entendido como el hacer girar a los otros en torno de uno para que lo hagan feliz, tiene buena parte de su raíz en la deformación de la sexualidad que venimos comentando.
Quiero comentar que mi punto de vista esta enfocado a que la familia debe ser integrada por un hombre y una mujer, puesto que al unirse en matrimonio entre comillas, dos personas del mismo sexo estas no tienen la facultad de poder procrear y si con el avance de nuestras legislaciones se les otorga la facultad de poder adoptar un menor para que integre esta supuesta familia, este nuevo integrante se va a ver privado de los afectos que en verdad debe recibir esto es una pareja integrada por dos personas de diferente sexo, es más este nuevo ser va a crecer en una sociedad que como la nuestra no acepta esta clase de uniones y este menor va a recibir criticas, desdenes, desprecios y déjamenes sociales que de una manera u otra van a afectar el obre desarrollo de su personalidad y este es un punto que el legislador ha dejado de lado, puesto que únicamente se ha preocupado por dar rienda suelta a dos personas que de un mismo sexo quieren ser pareja sin que se vean rechazados por la sociedad aparentemente, es más en la pasada elección que para elegir presidente se llevaron a cabo en este país, algunos de los aspirantes a la máxima magistratura del país, adoptaron como eslogan para su campaña que aprobarían en Colombia el matrimonio entre dos personas de un mismo sexo, para así logar mayor número de adeptos a su campaña proselitista. Lo cual nos demuestra que un personaje de vida publica busca en donde hay mayor número de electores para así logar adeptos a su campaña.

alguien me puede ayudar para despejar algunas dudas
INNOVACIONES PEDAGOGICAS
MAZOAVI
SI UNA DE LAS DOS PARTES NO ESTA DE ACUERDO CON EL DIVRCIO, LA OTRA PARTE PUEDE REALIZAR DICHOS TRAMITES Y EN CUANTO TIEMPO SE DA EL DIVORCIO.
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