Por más conciencia que tengamos y documentados estén los horrores y atrocidades de los conflictos bélicos, donde quiera que nos dirigimos podemos escuchar los tambores de guerra, a veces cerca, a veces lejos, en ocasiones como un murmullo remoto y en otras como un estruendo ensordecedor que todo lo permea.
Las campañas políticas, el voto de los pueblos, las decisiones de inversión y negocios, los filmes más taquilleros y los videojuegos más populares, la mayoría se desenvuelve en torno a las guerras que fueron o que serán, que pudieran ser o que deberían ser.
El impacto de una guerra no se limita al de los ejércitos involucrados y las poblaciones y comarcas inocentes que arrasan a su paso. No termina con los adultos y menores asesinados y las familias desmembradas y desplazadas, ni a los soldados muertos y mutilados, sus familias y su círculo social al intentar reintegrarse a la sociedad. Su efecto no se circunscribe siquiera a un entorno geográfico y un momento en el tiempo, sino que se extiende de generación en generación, de región en región, retroalimentando odios, rencores, cuentas por cobrar, injusticias por pagar, vejaciones por vengar.
Basta ya de educar a nuestros hijos con el ejemplo de héroes sangrientos que construyeron nuestras naciones con la sangre propia y de sus opositores. Por Dios, la Patria y la Bandera se debe vivir, no morir y matar.
¿Quién podría con el corazón en la mano desear ver a su hijo crecer para matar a los hijos de otros mientras estos le desfiguran el rostro que un día sonrío desde la cuna, le amputan la mano que un día asió el dedo enorme del progenitor y le desmiembran las piernas que un día llenaron la familia de alegría con sus primeros pasos?
¿Quién podría con el corazón en la mano desear sufrimiento, pérdidas, injusticias, violaciones y abusos a otros, aún más habiéndolas sufrido en carne propia?
Durante 9 años en CIVILA y Educar hemos tratado de crear espacios en los que podamos conocernos, acercarnos, apreciarnos y juntos todos construir un mejor presente y futuro para América y el mundo. Si bien hemos tenido la dicha de ser testigos de la bondad y la camaradería humana que supera fronteras, nacionalidades, edades y género, no es menos cierto que día a día, encontramos manifestaciones de división y odio, alimentados por políticos oportunistas o simplemente por la fuerza de la costumbre.
Es un reto que nos mantiene motivados en todo lo que hacemos, mostrar que la Paz es posible, que la hermandad existe, no con palabras vacías, sino haciéndolo acá cada día.
Ahora propongo a todos, docentes, estudiantes, padres y ciudadanos, proponer, compartir y realizar actividades que promuevan la paz y desvirtúen la guerra.
Sé que es un tema complejo y lleno de pasiones, pero es algo que a todos nos atañe y es responsabilidad de todos hacer nuestro aporte por un mundo en paz.
Espero participemos todos con sugerencias y propuestas, por simples que sean, para que entre todos les vayamos dando forma, ampliando y mejorando y podamos contar con un buen grupo de actividades, lecciones o ideas sobre cómo promover la paz.
A manera de ilustración, sugiero algunos aspectos a considerar como punto de partida (o llegada) para las actividades, aunque claro está, pueden optar por su propio camino o vertiente...
1. Promover una Cultura de Paz y Hermandad.
- Con situaciones cotidianas, mostrar el absurdo del nacionalismo extremo o supremacista y el odio y rencor entre naciones o incluso entre regiones dentro de una nación.
- b. Permitir a los habitantes de un país o región, conocer a los de otro país o región e identificarse con ellos como seres humanos, descubrir y apreciar similitudes y respetar las diferencias.
- c. Mostrar cómo, a pesar de nuestras diferencias, somos todos iguales y compartimos sentimientos, ansias y necesidades.
2. La Horrible Realidad de la Guerra.
Cómo lograr que empecemos a cambiar nuestra percepción de que la guerra es noble, heróica y sublime.
- Mostrar las crudas atrocidades de la guerra.
- Mostrar la logística impersonal e inhumana de los procesos de toma de decisiones, estrategias y acciones bélicas.
- Mostrar el drama personal del soldado en el campo de batalla: matar o ser matado.
- Mostrar el drama del ciudadano común, ajeno a políticas y cuestiones bélicas, que ve su comunidad invadida, su realidad afectada y su vida en peligro ante la guerra.
- La guerra como algo relacionado a nuestra realidad. Todos tenemos conflictos reales cercanos a los que podemos referirnos para que no todo sea fantasía y el lector pueda relacionarse con los mismos.
4. El Impacto de las Guerras.
- Mostrar el proceso de curación tras una guerra a nivel personal, familiar, comunitario y de sociedad.
- Mostrar los efectos a corto, mediano y largo plazo de la guerra en personas, familias, comunidades o poblaciones.
5. Motivos para la Guerra y cómo evitarla.
- Mostrar la fragilidad de la paz y la facilidad con que los odios pueden degenerar en conflictos bélicos y destruir todo lo que hemos logrado como personas, familia, comunidad o sociedad.
- Plantear soluciones alternativas y pacíficas a conflictos.
- Contraste de ir o no a la guerra. Ventajas y desventajas y resultados finales. Vale la pena ir a la guerra?
Adiciona tu propuesta o sugerencia de actividad debajo, no importa lo simple que sea (puede ser una idea o una frase apenas), entre todos la desarrollaremos.
Como señalamos arriba, todos tenemos conflictos reales cercanos a los que nos podemor remitir o referir como contexto de nuestra actividad, de forma tal que sus elementos y aspectos sean más familiares para quien la formula y quien participa pueda relacionarse mejor con ella.